El barco de Teseo y los partidos políticos

El barco de Teseo y los partidos políticos

Por: Isidro Toro Pampols

En el momento en que un joven decide afiliarse a un partido político, usualmente conoce poco del mismo y la percepción que tiene es la de algún hecho histórico en que la organización participó y se registra con distinción.

Así ocurre con el PRI mexicano fundado en 1929, heredero de la Revolución mexicana; el APRA peruano, organizado por Víctor Raúl Haya de la Torre en 1924; el Partido de la Liberación Nacional de Costa Rica, que nace como organización que lucha contra la corrupción, formalizándose en 1951; el Partido Socialista de Chile, en 1933; Acción Democrática en Venezuela, en 1941 o el Partido Revolucionario Dominicano en 1939, entre otros.

También aparecieron partidos que se califican de derecha o centro derecha. COPEI en Venezuela, 1946, afiliado a la corriente socialcristiana mundial; el Partido de Acción Nacional mexicano, fundado en 1939; o el Partido Nacional Cristiano chileno en 1952 y más.

Aquí me permito recordar el barco que da pie a la llamada falacia de Teseo. La nave en la cual volvieron desde Creta, tras enfrentar al Minotauro, Teseo y sus acompañantes. Los atenienses la conservaban desde la época de Demetrio de Falero, ya que retiraban las tablas dañadas y las reemplazaban por unas nuevas y más resistentes. Esta acción con el tiempo sirvió de acicate para que los filósofos debatieran sobre la identidad de las cosas que evolucionan o se regeneran. Un grupo defendía que el barco continuaba siendo el mismo, mientras el otro aseguraba que no lo era.

El punto es el siguiente: ¿estamos en presencia del mismo barco si se han reemplazado cada una de sus partes, una a una? Bueno, los filósofos pueden pasearnos por argumentos cualitativos, ya que el barco, aún no teniendo la misma madera, mástil, vela, remos originales, mantenía las mismas propiedades. Para otros es un barco distinto que se parece a cualquiera de su tipo en el puerto. No es el de Teseo, porque sobre esa madera jamás se paró el héroe griego.

De esta falacia, que no nos corresponde tratar de resolver ni explicar las variables que intervienen, pero si puntualizar que nos deja la idea de “idea”. La idea del barco que condujo a Teseo a la inmortalidad al vencer al Minotauro y esa nave, aún sin las tablas originales pero que fue reconstruido al paso, poco a poco, con el transcurrir del tiempo, conservó la tradición. La “idea” de instrumento de justicia, de hechos nobles, de heroicidad realizada por su ilustre pasajero, líder de un grupo de atenienses, estará siempre presente en “ese barco”, aunque su madera ya no sea la original. Porque de lo contrario, la idea de barco liberador desaparecería.

Sobre la base de la falacia de Teseo, comprendemos que los precitados partidos políticos progresistas nacen influenciado por ideas que se enmarcan en el llamado nacionalismo revolucionario de la época, también izquierda democrática y sus programas giran en torno a las luchas antiimperialista, anti feudal, por la promoción de la educación, la salud y la economía en un ambiente de justicia social, donde el centro de atención es la dignidad del hombre.

Estos partidos surgieron en una época donde la generación fundadora modeló la cultura organizacional de acuerdo a su tiempo y circunstancias. Los que han sobrevivido tienen sobre sus espaldas más de medio siglo de actividad política y en la inmensa mayoría sus líderes fundadores han desaparecido físicamente o están en los cuarteles de invierno. Pocos dirigentes originarios, muy jóvenes para el momento de creación, se encuentran activos, lo que permite en algunos casos mantener un hilo vivencial con el pasado, aunque el peso de la dinámica histórica mantengan en un cambio permanente la conducta organizacional, o sea: la comunicación interna y recíprocamente con la sociedad, el método de toma de decisiones, la aplicación de la democracia interna, entre otras variables.

En poco se parece la Acción Democrática que luchó contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1948-1958), a la de los gobiernos de Rómulo Betancourt (1959-1964), Raúl Leoni (1964-1969), Carlos Andrés Pérez (1974-1983 y 1989-1993) o la que enfrentó al gobierno de Hugo Chávez y ahora a Nicolás Maduro. Lo mismo puede decirse de cada uno de los partidos políticos que nacieron hace cincuenta o más años. El PRD exhibe con honor páginas de heroísmo en la Guerra Patria de Abril y en todo el proceso de consolidación de la democracia con los triunfos electorales de don Antonio Guzmán Fernández en 1978 y Salvador Jorge Blanco en 1982, así como la titánica lucha que desarrollo José Francisco Peña Gómez para sostener la democracia frente al autoritarismo de Joaquín Balaguer. Hoy, en la segunda década del siglo XXI, las circunstancias nacionales e internacionales son muy distintas a las del último tercio del siglo XX. Hoy, cuando un joven decide ingresar a un partido político lo hace en buena parte, no totalmente, por los sentimientos que le avivan hechos históricos donde lideres y partidos participaron y él se identifica con los mismos. Al interactuar comienza a toparse con una conducta organizacional que posiblemente le resulte incomprensible.

Los partidos políticos deben tener presente la falacia de Teseo, para que en las circunstancias que le deparan el devenir, siempre quede como zócalo indeleble la prístina idea por la cual les dieron comienzo un grupo de adelantados de su época y su actuar, acorde al tiempo, siempre sea reflejo de sus inicios.

 

Isidro Toro Pampols.·. es MSc en Management, asesor en cooperativismo en el IDECOOP. Reside en Santo Domingo.

Comentários no Facebook